Hemos estado presentes en la COP27 de Egipto en representación de Eurecat como parte de la delegación de observadores acreditados por la Fundación Empresa y Clima, una de las instituciones miembro del Centro en Resiliencia Climática. Ha sido muy interesante compartir delegación con representantes de las empresas Fluidra, Naturgy, Puig, Epson, Repsol, EarthPulse, Tennders y OCA Global, constatando el creciente compromiso de las empresas con la neutralidad climática. Todos los delegados, junto a Elvira Carles, directora de la FEiC, participaron en un Side Event organizado en el pabellón de España sobre “Soluciones de las empresas para reducir sus emisiones”. Una conclusión importante de la mesa redonda y de la propia COP27 es que las empresas están abordando de forma cada vez más rigurosa y efectiva la neutralidad climática, aunque el paso complicado llega cuando se debe abarcar toda la cadena de valor, desde los proveedores hasta los clientes.

Sin embargo, los avances en el mundo empresarial contrastan con los resultados decepcionantes de las negociaciones entre países para avanzar en la implementación de los acuerdos de París y Glasgow. La cumbre acabó con un acuerdo de mínimos para la creación de un instrumento financiero para compensar los daños y pérdidas en los países pobres, aunque después habrá que ver cómo se implementa sobre el terreno. Visto en perspectiva, la percepción es que estamos en un momento crítico donde hay que avanzar mucho en la implementación y estamos chocando con obstáculos de todo tipo que hacen pensar en un incumplimiento de los acuerdos de París y todo lo que esto conlleva. Entre los expertos el pesimismo es evidente y existe el convencimiento de que vamos hacia escenarios de 3 ºC de aumento de temperatura, que implican a largo plazo una subida del nivel del mar entre 5 y 15 metros, dependiendo de la respuesta (aún incierta ) de la Antártida. Pasaremos por dos fases de emergencia climática: en el siglo actual el planeta vivirá el “shock térmico” y a partir del próximo siglo el “tsunami en cámara lenta”.

El mensaje para llevar a casa es que la descarbonización llegará, pero lo hará tarde para evitar efectos catastróficos, con lo que la adaptación pasará a ser un elemento cada vez más importante de las políticas y también de la investigación y la innovación. Al mismo tiempo, la descarbonización no está exenta de riesgos, entre ellos la escasez de materiales críticos por las baterías o por el escalado de la energía eólica o solar, entre otros. Por tanto, la economía será circular o no será. En el fondo, estamos haciendo lo mismo que hizo la vida después de aparecer en nuestro planeta, siguiendo uno de los principios de la ecología. Primero seguimos una estrategia de tipo R, donde se prioriza la ocupación del territorio y el uso ineficiente de los recursos (que son abundantes) y después pasamos (forzosamente) a una estrategia de tipo K, cuando realmente topamos con la escasez de recursos, donde se prioriza la eficiencia y el reaprovechamiento. Por eso, la naturaleza es una maquinaria casi perfecta de economía circular, porque hace muchos millones de años que ha tenido que adaptarse a la escasez para sobrevivir. Y nosotros estamos siguiendo el mismo proceso, que en definitiva es de cariz termodinámico.

Carles Ibáñez, director de la Línea de Cambio Climático de Eurecat y director científico del Centro en Resiliencia Climática (CRC)