«Para atraer a más ingenieras se debería fomentar el espíritu vocacional: que cada uno estudie y trabaje de lo que le guste sin tener en cuenta los prejuicios», resume Laia Subirats, investigadora de la unidad de eHealth en Eurecat. Ella es una de ingenieras que el pasado día 13 de marzo participó en Girls in Lab, la «hackathon» organizada por la asociación Girls in Lab y por el Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones DTIC de la Universidad Pompeu Fabra para promover la participación femenina en grados de ingeniería.
Según el Diario de la comunicación, una de cada 10 estudiantes de Ingeniería Informática en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) son mujeres. En la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), el porcentaje femenino en ese mismo grado no llega al 9%, y en el conjunto de sus estudios -la mayoría son de perfil técnico- las mujeres representan tan sólo el 25%.
Laia Subirats es Doctora en Informática y cuenta con diferentes reconocimientos profesionales por su excelencia académica. En 2009 fue finalista de la beca Anita Borg impulsada por Google para fomentar estudios de base tecnológica entre mujeres. Su carrera profesional en Eurecat está orientada a la aplicación de la tecnología en el ámbito de salud, concretamente en inteligencia artificial. Según remarca, las telecomunicaciones son una de las ciencias con mayor alcance interdisciplinario porque la tecnología interviene en casi todos los ámbitos de la sociedad. Entonces, ¿por qué no hay más ingenieras?
«El mundo de la programación siempre se ha asociado a un estereotipo que no es real», resume Ana Freire, Doctora en informática y Profesora visitante en la Universidad Pompeu Fabra. También colabora como investigadora en el grupo de Data Mining de Eurecat. Y añade: «A menudo se piensa que una ingeniera informática sólo puede dedicarse a programar. Pero hay ingenieras en hospitales, centros de investigación y universidades que realizan tareas tan diversas como investigación biomédica, dirección de proyectos o docencia«.
Freire, quien también fue finalista de la beca Anita Borg, colaboró como mentora en Girls in Lab para asesorar a chicas a la hora de decidir sobre su futuro académico y profesional. Ella misma recuerda cuando tuvo que escoger entre estudiar Medicina o Ingeniería informática. Y apostó por la ingeniería. ¿El motivo? «Vi que si me orientaba hacia la investigación en informática biomédica podría combinar mis dos pasiones”.
Estudiar una ingeniería también le ha permitido profundizar en muchos otros ámbitos de conocimiento como la eficiencia y consumo energético de motores de búsqueda en la web, la temática de su tesis doctoral galardonada con el Premio Big Data Talent Award a la mejor tesis Big Data con mayor impacto socio-económico. “El punto fuerte de una ingeniería es que nunca dejas de aprender «, afirma convencida.