Hace pocas semanas recibimos la buena noticia de que Cataluña ha mejorado su posicionamiento en el Regional Innovation Scoreboard (RIS) 2025 de la Comisión Europea que, mediante un conjunto de indicadores, evalúa el grado de innovación de más de 240 regiones europeas, clasificándolas en 4 categorías y 12 subcategorías. Por segundo año consecutivo, ha sido considerada “Strong Innovator”, segunda categoría de las cuatro existentes y, dentro de este apartado, ha subido una subcategoría.
Posiblemente más importante que lo anterior es que el RIS 2025 reconoce a Cataluña como la región más innovadora del Estado español, superando al País Vasco y Madrid, las otras dos regiones españolas fuertemente innovadoras y mejorando 10 posiciones en el ranking europeo, desde la posición 82 a la 72.
No es la primera vez que Cataluña ha logrado la calificación de “Strong Innovator”. En las primeras ediciones de estos indicadores, a comienzos de la década pasada, ya habíamos registrado resultados similares a los actuales. Desgraciadamente, durante bastantes años y, por diferentes circunstancias que sería demasiado largo analizar ahora, perdimos esta condición que ahora recuperamos.
Por otro lado, han existido, desde siempre, voces críticas sobre la metodología e indicadores que utiliza el Regional Innovation Scoreboard, ya que el conjunto de datos que recoge se centra más en los inputs (factores necesarios para innovar), que en medir los resultados de esta actividad innovadora (mayor productividad, competitividad, generación de riqueza, etc.). En cualquier caso y admitiendo la imperfección del RIS, su profundidad y, sobre todo, su continuidad temporal nos permite afirmar que representa una buena aproximación al nivel innovador de los diferentes ecosistemas regionales europeos y, sobre todo, a su evolución temporal en relación con las otras regiones.
Así pues, la pregunta que hay que hacerse es ¿qué es aquello qué ha cambiado o está cambiando en nuestro territorio que nos está permitiendo mejorar en esta estrategia clave? Muy probablemente, la respuesta es que se está dando una suma de varios factores, pero querría destacar uno que ha significado un cambio de paradigma: la puesta en marcha y mantenimiento de una política de apoyo a la transferencia y a la innovación tecnológica por parte de la Generalitat, modesta pero mucho más intensa y sostenida en el tiempo que la precedente. Esta política, inspirada en las existentes en regiones más avanzadas e innovadoras, permitió la creación, el 2015, de Eurecat como centro tecnológico de referencia en el país para recuperar una posición de liderazgo en dinámicas de innovación industrial. Los registros de crecimiento y actividad de Eurecat durante esta década han tenido, sin duda, un impacto significativo en los indicadores del RIS en los cuales Cataluña ha venido mostrando una debilidad relativa más importante.
Eurecat, cuyo propósito último es mejorar la competitividad de las empresas, especialmente de las PYMES, acelerando e intensificando su actividad innovadora, ha prácticamente triplicado sus ingresos y plantilla, ha desplegado su actividad en 11 sedes en Cataluña y ha multiplicado por más de 4 el número de empresas a las cuales presta servicios de innovación. Más del 70% de sus ingresos, 69 millones el 2024, proceden de sus proyectos con PYMES. Analizando el contenido de los más de 15.000 proyectos y servicios realizados, puede observarse como un elevado porcentaje inciden en innovaciones de producto y proceso de pequeñas y medianas empresas, a través de la colaboración entre el centro tecnológico y las compañías. El efecto inducido de
esta actividad es que, sin duda, la inversión privada en I+D en Cataluña ha crecido, mejorando muchos de los indicadores en los cuales nuestro país había mostrado menos fortaleza.
Eurecat también ha contribuido de forma relevante a la generación, protección y explotación de tecnología propia, otro de los apartados menos favorables del RIS en Cataluña, habiendo producido una cartera de patentes superior a las 280. Una parte importante de estas patentes son explotadas mediante acuerdos de licencia por spinoff’s del mismo centro o empresas locales.
El centro tecnológico ha promovido el trabajo ecosistémico, en colaboración con otros agentes del territorio, en campos tan importantes y críticos como la resiliencia climática, la descarbonización industrial y la electrificación de sectores como la automoción, contribuyendo a la intensificación y capilaridad territorial de la innovación colaborativa.
En cualquier región, innovar genera nuevo valor añadido, nuevos puestos de trabajo, nuevo PIB y nuevos beneficios empresariales, que impulsan nueva inversión y más innovación. Los países más competitivos son los que más innovan y los que más innovan son los más competitivos. Es una correlación directa a medio y a largo plazo. Además, innovar tiene un efecto multiplicador en la economía, porque es cuando se produce el retorno de todas las inversiones: inversiones públicas y privadas, inversiones en infraestructuras, en condiciones de contorno, y en talento. En España los centros tecnológicos, que son agentes que trabajan especialmente orientados al desarrollo tecnológico y la innovación empresarial, tienen un impacto económico con un multiplicador de 8,5 euros por cada euro público invertido. En Cataluña, en el caso de Eurecat, el multiplicador es de 9,37 en impacto económico directo, indirecto e inducido.
Por todo el anterior, parece totalmente relevante la apuesta que hace 10 años se hizo para potenciar un gran centro tecnológico como Eurecat como una de las claves que está impulsando la innovación en Cataluña y que hay que preservar y fortalecer.
Xavier López
Director general de Eurecat