Los estudios de intervención nutricional que lleva a cabo Eurecat permiten demostrar si un alimento o un extracto de un producto natural o un probiótico o un prebiótico es beneficioso para reducir el riesgo de padecer las enfermedades más frecuentes, las cardiovasculares, que son la causa de muerte y de enfermedades más importantes del mundo occidental. Así, se estudian los efectos de los alimentos o de algunos de sus componentes sobre algún factor de riesgo cardiovascular, como el colesterol “malo”, la presión arterial o la obesidad, dentro de una tendencia marcada por la nutrición personalizada y la nutrición de precisión.

Así lo explica en esta entrevista la doctora Rosa Solà, Catedrática de Medicina de la Universitat Rovira i Virgili y que dirige y coordina los estudios nutricionales con intervención en humanos del centro tecnológico, que justo acaba de lanzar una llamada a voluntarios para que participen en una investigación orientada a demostrar si el extracto de ajo negro puede ayudar a reducir los niveles de colesterol “malo”. Según explica Rosa Solà, el siguiente paso es la nutrición de precisión, donde se entiende que la prevención de las enfermedades se debe abordar de manera integral, de forma que se tenga en cuenta al individuo y su entorno, incluyendo los aspectos emocionales, de conducta y los socioeconómicos.

¿Qué son los alimentos funcionales? ¿Qué beneficios aportan a la salud de las personas?

Los alimentos funcionales, de forma natural o modificada porque se ha extraído o añadido un ingrediente, son aquellos en los que se ha acreditado que tienen un beneficio para el metabolismo o para la presión arterial o la obesidad. Para demostrarlo, miramos si un alimento concreto, como pueden ser las manzanas o un probiótico, tomados en una cantidad y durante un tiempo determinados, tienen un efecto saludable constatado. Es decir, estudiamos si el consumo de una cantidad específica de un tipo de manzana, durante 6 semanas, baja el colesterol, por ejemplo. Otro caso sería el aceite de oliva virgen, que tiene un porcentaje de componentes minoritarios y, en función de que esta cantidad sea estable, hace que estén más o menos presentes. Este hecho puede tener un efecto sobre el colesterol o la presión y eso se debe estudiar y comprobar. Se considera que el primer alimento funcional fue la leche desnatada, porque se pensaba que este tipo de grasa hacía subir el colesterol “malo”.

¿Cómo lo estudiáis?

Hacemos estudios de intervención nutricionales. Esto quiere decir que tenemos un grupo que toma el alimento del que queremos estudiar el efecto y se compara con un grupo control, que no lo toma. Es un mundo muy atractivo, porque resulta que si tienes un medicamento en el que quieres demostrar que baja el colesterol o lo comparas con otro que ya se sabe que funciona o das un placebo, que significa que no tiene efecto sobre la variable principal. En el caso de la nutrición, necesitamos hacer estudios de intervención nutricional, donde modificamos algún aspecto de nuestra alimentación para demostrar si tiene algún efecto sobre una variable, como por ejemplo la presión arterial o la obesidad o el colesterol, pero se compara con un grupo de control. Por lo tanto, alimentos funcionales lo que quiere decir es que son alimentos, sean naturales o modificados como la leche desnatada o extractos de alimentos, en los que tenemos que demostrar que, consumidos en una cantidad determinada, en un tiempo determinado, tienen efecto en una variable, como la presión arterial o el colesterol “malo”. Asimismo, la duración de los estudios es un punto clave, porque, por ejemplo, en el caso de colesterol “malo” se requiere un mínimo de tres semanas, que es el tiempo que tarda en bajar. En el caso de la presión arterial, que varía de forma muy puntual, se deben superar otros criterios. Además, se está trabajando para utilizar las nuevas metodologías, como una aplicación de móvil para ayudar a escoger alimentos adaptados a nuestras necesidades.

¿Qué estudios estáis haciendo en la actualidad?

Ahora estamos buscando participantes para un estudio para comprobar si comiendo un extracto de ajo negro puede bajar el colesterol “malo”.

¿Nos podrías compartir algunos de los últimos resultados que habéis conseguido? ¿Cuáles son los retos de futuro en este campo?

Hemos estudiado si un tipo de probiótico, que son bacterias que tienen un efecto beneficioso sobre el organismo, ayuda a reducir la grasa abdominal visceral, por su efecto sobre determinados marcadores, enfocado en trastornos metabólicos ligados a la diabetes o la obesidad. El reto de futuro es una ambivalencia entre el hecho de que las personas comemos y que lleguemos a tener una alimentación adaptada a nuestras necesidades y a nuestras expectativas. También es importante destacar que, como también ocurre con otros aspectos de la vida, como por ejemplo los medicamentos, hay personas que ante la intervención nutricional consiguen la variable principal, pero hay un porcentaje que son resistentes al cambio. No es todo matemático.

¿Nos podrías anticipar novedades que veremos en los próximos 3-5 años?

La tendencia es la nutrición personalizada, que quiere decir que, por un lado, nuestra respuesta a los alimentos saludables y no saludables depende de nuestra genética, pero un paso más es que depende también de nuestro entorno, incluidas las emociones, y se va hacia la nutrición de precisión. La nutrición se debe acompañar de un estilo de vida saludable, con actividad física, dejar de fumar, dormir bien y perder peso, si conviene, y que esto pueda estar adaptado. Así, si a una persona no le va bien tomar hidratos de carbono en forma de pasta, que tenga alternativas para evitar este formato. Por lo tanto, debemos ser capaces de detectar estos aspectos para modificarlos y adaptarlos a las necesidades de cada persona. En este contexto, las nuevas metodologías tendrán un papel en el nuevo enfoque del estilo de vida saludable. El siguiente paso es la nutrición de precisión, donde se entiende que la prevención de las enfermedades cardiovasculares y metabólicas se debe abordar de manera integral, de forma que se tenga en cuenta el individuo y su entorno, que es su base genética y molecular, la microbiota, incluyendo los aspectos emocionales y de conducta y también los socioeconómicos.