
El proceso de convergencia digital está modificando las fronteras y el alcance de las industrias culturales y creativas, afectando sectores como el audiovisual, el patrimonio, la música, el diseño, los videojuegos, la edición o las arte escénicas. Así lo explica en esta entrevista Xavier Cubeles, experto en este ámbito del equipo de Consultoría Tecnológica de Eurecat, para quien las nuevas propuestas en formatos y en modelos de negocio deberían enfocarse desde una perspectiva integral la cadena de valor y con una propuesta clara de valor.
¿Cuáles son los principales retos en el campo de las industrias culturales y creativas en el contexto actual?
Los retos son muchos y diversos, ya que se están produciendo transformaciones muy profundas en todas las actividades culturales. Es el proceso de convergencia digital con el que se están modificando las fronteras y el alcance de estas actividades, afectando sectores como el audiovisual, el patrimonio, la música, el diseño, los videojuegos, la edición, las artes escénicas u otros.
Entre los muchos retos existentes, y para responder la pregunta, podemos mencionar los que trabajamos específicamente en la Comunidad RIS3CAT Media (https://comunitatmedia.cat/), coordinada por Eurecat. Por un lado, hay retos de carácter científico, tecnológico y creativo como la automatización de la producción y la distribución de contenidos, el desarrollo de nuevos formatos creativos en los ámbitos de la experiencia, el aprendizaje o la comunicación empresarial, y también la búsqueda de nuevas metodologías de conocimiento e interacción con usuarios (como los recomendadores). Desde la óptica económica y social, tenemos como retos mejorar la sostenibilidad y competitividad de estas actividades, y proyectar la actividad de las industrias culturales y creativas de manera cross-sectorial -dada su función proveedora de servicios de innovación a empresas e instituciones del resto de la economía.
¿Qué cambios están incidiendo más en el consumo cultural?
De entrada, la diversificación creciente de las ventanas, canales o dispositivos de consumo cultural, entre las que están las redes sociales (o social «media», en inglés) que tienden a captar cada vez más atención de los consumidores (en detrimento de los medios tradicionales). Basta observar cómo accedemos actualmente a contenidos como noticias, películas y otras informaciones, y compararlo en como lo hacíamos hace 10 o 20 años.
Relacionado con este, está la aparición de nuevas formas de experiencia y disfrute cultural como pueden ser la inmersividad o la realidad virtual. Para consolidar este proceso de innovación desencadenado por el progreso técnico, es necesaria la colaboración entre tecnología y creatividad artística. Recordemos, por ejemplo, el caso del cine: el descubrimiento del celuloide se produjo a finales de siglo XIX, pero tuvieron que transcurrir veinte o treinta años de de trabajo conjunto hasta que el cine no empezó a consolidarse como industria mediante al «estandarización» del lenguaje cinematográfico (en formatos como el largometraje).
Por otro lado, la tendencia a la híper-personalización de la oferta cultural, resultante de la aplicación de algoritmos de recomendación. Esta tecnologías plantean el riesgo de que quedamos inmersos en un entorno cultural limitado y poco diverso, lo que contrasta con las extraordinarias posibilidades de diversidad que los nuevos medios digitales nos ofrecen potencialmente.
Por último, la acumulación creciente de datos masivas en tiempo real, tanto de los propios contenidos culturales como de la relación que se establece entre estos y sus audiencias. Esto favorece el desarrollo de tecnologías de datos como la inteligencia artificial, tanto respecto la creación y análisis de contenidos culturales como para el conocimiento del comportamiento de los consumidores.
¿Cuál es el papel de la innovación tecnológica ante la transformación digital del sector?
La innovación tecnológica ha ocupado siempre un lugar central en el desarrollo cultural: desde el pincel o la imprenta, la digitalización hoy. En el pasado, la innovación tecnológica se organizaba mediante el trabajo hecho individualmente o en grupos muy reducidos. Ahora, los retos a abordar requieren configurar equipos amplios y multidisciplinares. En este sentido, como ya he dicho, hay una participación directa de artistas y de emprendedores culturales trabajando junto con científicos y tecnólogos. Por ello, se debería potenciar (y financiar) aún más y mejor esta cooperación en los proyectos de innovación. Los agentes culturales y creativos no pueden renunciar, dejando que «inventen ellos» (científicos o ingenieros).
Además, también podemos plantearnos esta reflexión ante el reto que supone preservar la diversidad cultural en el mundo en el marco de la globalización: como participamos las culturas (y lenguas) en todo el mundo en este proceso de innovación? Aceptamos que «inventen ellos» (los anglosajones y chinos, que son los líderes)? O bien intervenimos activamente, aunque sólo sea parcialmente? Los objetivos de desarrollo sostenible nos interpelan a trabajar pe r la preservación de la diversidad cultural, como se plantea respecto de la biodiversidad?
¿Podrías dar algún ejemplo?
Los 8 proyectos colaborativos de investigación, desarrollo e innovación que se impulsan en el marco de la Comunidad Media son un buen ejemplo del trabajo que se está realizando para promover la innovación en estas actividades. Esto se hace en el marco de la estrategia de especialización inteligente de Cataluña (RIS3CAT) y con el apoyo de ACCIÓ. La Comunidad está integrada por cerca de 40 empresas y agentes de los sectores culturales y creativos, de los sectores tecnológico (sobre todo de las TIC), de las universidades, de la investigación y de la transferencia tecnológica. También cuenta con una participación amplia de agentes sectoriales clave del país como clústers o asociaciones empresariales.
¿Cómo se deberían enfocar las nuevas propuestas en formatos y en modelos de negocio?
Desde una perspectiva integral de la cadena de valor y con una propuesta clara de valor. Pero también hay que tener en cuenta que las formas tradicionales de colaboración pueden ser insuficientes para hacer frente a muchos de los retos existentes, cada vez más complejos. Ante esto, resulta interesante la perspectiva de los ecosistemas orientados a una misión compartida (Mission-based ecosystems), consistentes en reunir actores diversos para forjar conjuntamente una solución que no se pueda crear tan eficazmente de forma aislada.
¿En qué ámbitos veremos más cambios e innovación?
En todos los ámbitos pueden haber, tanto el tecnológico, como el económico-empresarial y también el social o cultural. Y de manera fuertemente interrelacionada. Como me gusta decir, citando la profesora Carlota Pérez experta en revoluciones tecnológicas, estamos en un momento muy singular que se está produciendo un cambio de paradigma muy profundo. Por ello «el abanico de lo posible es muy amplio». En esta situación, una cuestión clave a decidir es qué actitud adoptamos ante la incertidumbre y las oportunidades existentes, tanto a nivel individual como (y sobre todo) colectivamente.