¿Cuál es el riesgo de no tomarse en serio la emergencia climática? La respuesta no es evidente, pues los impactos del cambio climático dependen de cada lugar y del horizonte temporal que tenemos en cuenta. Ello hace que la respuesta de las empresas a la emergencia climática sea difícil de calibrar y planificar, dependerá mucho del sector, de la cadena de valor, de la ubicación, etc. Aun así, ninguna empresa que se proyecte al futuro puede ignorar los riesgos climáticos y no puede dejar de contribuir al proceso hacia la neutralidad climática de nuestra economía, por muchos motivos.

La emergencia climática puede afectar a las empresas de muchas formas, directamente e indirectamente. La forma más evidente es por causas muy directas, como la posibilidad de daños a las infraestructuras por inundaciones u otros fenómenos meteorológicos extremos, pero también por un aumento de los costes de producción relacionados con el aumento de temperatura o el encarecimiento de la energía. Pero las ramificaciones de la emergencia climática son muchas y a veces poco evidentes, pudiendo afectar a muchos aspectos de la cadena de valor. Por ejemplo, una sequía que afecte a regiones productoras de grano puede poner en peligro el suministro de materias primas para la industria agroalimentaria y otras industrias, afectando a la disponibilidad y precio de los piensos o de productos básicos como el pan o la carne, algo que ya ha ocurrido y que se acentuará en el futuro. Otro ejemplo, una inundación extrema en Bangladesh puede afectar la producción del sector textil. A medio plazo, la subida del nivel del mar va a afectar gravemente la industria turística en la costa.

Por ello, el ejercicio de que cada sector y empresa analice sus riesgos climáticos es imprescindible. Todos nosotros, incluyendo las empresas, debemos contribuir a la mitigación del clima, a reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero para acercarnos lo más rápidamente a la neutralidad climática. No podemos pretender simplemente adaptarnos al cambio climático (que también), hay que atacar la causas. El tiempo se agota y los crecientes daños pueden ser catastróficos para nuestra economía y para nuestras vidas. Además, contribuyendo a la neutralidad climática, las empresas son más eficientes, están más alineadas con la sociedad y mejor posicionadas en el mercado. ¿Cuál es el valor añadido para una empresa que se posicione en relación a la emergencia climática? A menudo es difícil de cuantificar, pero seguro que es significativo, real y creciente. Lo podemos plantear al revés: ¿cuál es el precio que pagaran las empresas por no posicionarse frente a la crisis climática? ¡Seguramente éste es el riesgo más elevado para las empresas! En cualquier caso, existen cada vez más métodos para analizar cuáles son los costes y beneficios para las empresas que quieren ser más resilientes al cambio climático.

La verdadera resiliencia implica no sólo una capacidad de adaptación a condiciones adversas, sino también una comprensión de las causas de esta adversidad y una acción decidida para reducir los factores que la provocan. Debemos destinar recursos a diseñar soluciones tecnológicas y sociales que nos permitan transformar la economía, evolucionando hacía la circularidad como alternativa al modelo actual de producción y consumo. Con este objetivo trabaja el Centro en Resiliencia Climática, liderado por el centro tecnológico Eurecat y constituido por un núcleo impulsor de diez instituciones, entre las que se encuentra la Universitat Rovira i Virgili, el Ayuntamiento de Amposta y el Gobierno de la Generalitat de Catalunya.

Carles Ibáñez Martí, Director Científico del Centro en Resiliencia Climática y Coordinador de la Línea de Cambio Climático de Eurecat.