La evolución del mundo Internet hacia el metaverso es una evidencia. Un mundo virtual, donde los actores reales nos comunicamos asumiendo personalidades propias o ficticias, acelerado por la interacción vía redes sociales y con fines lúdicos o de negocio, es atractivo. Atractivo por la novedad, atractivo por el efecto impactante que supone, para muchos, la realidad virtual, la realidad aumentada, las nuevas formas de comunicación, los distintos tipos de interfaces, de imagen, audio, hápticos. La forma es diferencial, probablemente más conocida por los jugadores de videojuegos online, por el hecho de ver y sentir en un mundo que no es lo real, o, mejor dicho, el material.

Pero más importante que la forma es el fondo. La creación de comunidades, de modelos de negocio, incluso de activos, que se diferencian de los tradicionales y van más allá de los límites y del orden establecidos por los organismos de gestión, de vigilancia, de ordenación o de control. Y que van más allá del alcance territorial y los límites administrativos y formales.

En este escenario, las posibilidades se amplían de forma exponencial, los riesgos también. Alcanzar 12 millones de asistentes en un concierto (o de su avatar), como logró el músico americano Travis Scott, sólo es viable en el metaverso. Los mejores y peores escenarios, también.

Las previsiones de cuál será la evolución en el tiempo son muy diversas según las fuentes. Pero es necesario ser pragmáticos. No existirá el día H del metaverso. Hablamos de metaverso, pero en realidad deberíamos hablar de múltiples metaversos, en competencia entre ellos. Avanzaremos de forma progresiva, no viviremos la magia que supusieron las comunicaciones IP y pasar de no tener Internet a una implantación masiva. Será progresivo, pero seguro que evolucionaremos, la tendencia es clara y la estamos viviendo de primera mano.

A la incertidumbre propia de un universo con reglas de funcionamiento diferentes y de interfaces no habituales y que requieren aprendizaje, se añade la presión de que el orden de llegada es determinante. En un tablero infinito, se están configurando ejes y puntos calientes, ubicaciones prioritarias y modelos de nuevos negocios en los que, de nuevo y como ya ocurrió con Internet, sólo los primeros consiguen posicionamiento y resultados. Sandbox, como muchos otros, es un conjunto de “parcelas”, con propietarios, para realizar las actividades que cada propietario considera más interesantes. Decentraland vendió una “terreno” por más de 800 K€.

Y en esta situación, ¿qué deben hacer las empresas? Solo dos posibilidades, sin opción de quedar a la espera.

Una opción, aprovechar la ola y posicionarse. H&M hace sus primeros desfiles de moda en el metaverso para reforzar su negocio tradicional. Sotheby’s no sólo lo hace en este sentido, entra en el metaverso para captar nuevas líneas de negocio y aprovechar, especialmente, la asociada a los NFTs. Una oportunidad única para múltiples sectores, sobre todo para los ligados a contenidos, desde su creación hasta su comercialización y protección. El metaverso nos permite empresas exponenciales o podríamos decir que las necesidades de las empresas exponenciales traccionan del metaverso. Todo esto, con la gran dificultad de la incertidumbre en el modelo de futuro. Para algunos, totalmente virtual. Otros estamos convencidos de la complementariedad entre el mundo físico y el virtual.

La opción alternativa, adaptarse, diseñando e implementado la estrategia de la propia organización para el servicio a clientes, para nuevas prestaciones de los productos. Realidad aumentada, blockchain, NFTs, sensores de cualquier tipo, internet de las cosas, Edge computing, inteligencia artificial, computación cuántica no son tecnologías “para los demás”. Son tecnologías de apoyo que facilitan dar respuesta a los retos de corto, medio y largo plazo de las empresas y les permiten hacer operativas sus estrategias. De la misma forma que ahora se nos hace extraño hacer networking con nuestro avatar hablando con otros avatares, en unos años, pocos, a los más jóvenes les sorprenderá saber que hacíamos manuales en papel para explicar cómo arreglar una máquina o montar un mueble, que aprendíamos a conducir en un coche real con tráfico real o que hacíamos máquinas o instalaciones industriales sin pasar, primero, por el gemelo digital. Esta estrategia de evolución en el metaverso no es una nueva aproximación para añadir a la de transformación digital. Sólo es tener en cuenta que el roadmap de transformación debe considerar acciones a corto, a medio y largo plazo, y, en este largo plazo, tenemos el metaverso, un nuevo horizonte que no debe preocuparnos, pero que sí nos tiene que ocupar necesariamente.

Carles Fradera
Director de Marketing de Eurecat