Descarbonización y neutralidad climática son conceptos que han emergido con fuerza y ​​su consecución tiene unas implicaciones ambientales, económicas y sociales sin precedentes, donde el rol de la tecnología es esencial. Es una gran oportunidad para nuestra economía, no exenta de dificultades.

De hecho, todos debemos aportar nuestro granito de arena a la neutralidad climática. Cuando, por ejemplo, consumimos 1 litro de gasolina en un coche, se emiten por el tubo de escape 2.38 kg de CO2, que es un gas de efecto invernadero que no vemos y que perdura muchos años en la atmósfera. Y es que los combustibles fósiles en los que todavía se basa nuestra economía, como el carbón, el petróleo y el gas natural, son recursos finitos que se extraen del planeta, no son renovables ya que han tardado millones de años en formarse y cuando se queman en unos instantes para obtener energía en forma de calor o de movimiento, emiten gases que son responsables del cambio climático, ya que tienen la capacidad de absorber selectivamente la radiación infrarroja y, por tanto, conllevan una subida de la temperatura de la Tierra.

Así pues, cuando hablamos de descarbonizar nuestra economía, nos referimos a dejar de utilizar combustibles fósiles para obtener energía y, por supuesto, también hacer un uso más racional. Gracias a la descarbonización contribuiremos a la mitigación del cambio climático, aunque ya es un hecho que irremediablemente deberemos adaptarnos, si bien existe todavía una oportunidad para disminuir la amplitud de sus efectos perjudiciales. Además, ganaremos soberanía puesto que dejaremos de importar energía, una necesidad que desgraciadamente el conflicto bélico del Este de Europa ha puesto de manifiesto.

La neutralidad climática tiene lugar cuando las emisiones de gases de efecto invernadero están balanceadas por una eliminación equivalente de la atmósfera en un determinado período de tiempo. Europa se ha marcado como objetivo conseguir la neutralidad climática en 2050, objetivo jurídicamente vinculante establecido por la Ley Europea, y está promoviendo un conjunto de medidas englobadas en el llamado Fit for 55 que deben permitir acelerar el objetivo de reducción de gases de efecto invernadero del actual 40% hasta un 55, en relación a las emisiones en el período de 1990 a 2030.

Las empresas requieren de energía para avanzar y deben descarbonizarse lo más rápidamente posible para adaptarse a un nuevo escenario, pero ¿cómo? Cada sector tiene sus particularidades para alcanzar este objetivo y las regulaciones inciden de forma diferente. En cualquier caso, ya es un hecho que hoy en día los aspectos ligados a la sostenibilidad tienen una influencia clave en la estrategia empresarial y en la creación de valor, y la neutralidad climática es una oportunidad para mejorar toda la cadena de valor de la economía. Es necesario fortalecer el desarrollo tecnológico para la búsqueda de nuevas soluciones para la descarbonización y, sin duda, la innovación tecnológica reducirá los costes de inversión necesarios para la neutralidad climática.

Ante el reto de descarbonizar un negocio, primero hay que determinar sus emisiones actuales empleando la metodología de huella de carbono, lo que servirá como punto de referencia. El siguiente paso, consiste en establecer los objetivos de reducción de emisiones en un determinado período temporal. La descarbonización será posible con la suma de un conjunto de diferentes acciones y la hibridación tecnológica: aumento de la eficiencia de los procesos, implantación de sistemas productivos emergentes, utilización de fuentes de energía bajas en carbono, captura de las emisiones emitidas y su posible aprovechamiento y, si fuera necesario, invirtiendo en proyectos de compensación de las emisiones en otros lugares del mundo. Por supuesto, la descarbonización de la cadena de suministro también debe tenerse en cuenta. La medida del impacto económico, ambiental y social de la descarbonización también debe monitorizarse, lo que permitirá realizar los ajustes pertinentes, nunca hemos vivido una situación similar y no podemos pretender marcar un camino rígido.

Las tecnologías facilitadoras de la descarbonización son variadas y es muy importante reducir sus costes y aumentar su robustez. Nuevas fuentes de energía como el hidrógeno verde, el aprovechamiento del biogás, baterías para el almacenamiento de energía renovable, tecnologías avanzadas de separación y captura de gases, nuevos materiales y tecnologías digitales, entre otros, son ejemplos de ello .

Esta estrategia debe construirse en base a la neutralidad tecnológica y es que las tecnologías deben tener idénticas oportunidades de desarrollo para ofrecer las mejores soluciones coste-eficientes para la descarbonización de cada uno de los sectores de la economía, de forma que las ganadoras de la carrera tecnológica se determinen en un contexto de libre competencia.

Miquel Rovira
Director del Área de Sostenibilidad de Eurecat