Si queremos construir un ecosistema de innovación realmente eficiente, necesitamos situar a las empresas en el centro. Sin un tejido empresarial más innovador y tecnológicamente avanzado, nuestra competitividad y resiliencia territorial y, por lo tanto, la calidad de vida de nuestros ciudadanos, no mejorará.
En este sentido, la transferencia tecnológica es un reto clave en el sistema de innovación catalán y europeo, pero a pesar de la excelencia científica, la conversión de esta investigación en innovación es limitada, tal como queda recogido en el artículo “La transferencia de tecnología. Una perspectiva diferente”, que firmo en el último número de la Revista Econòmica de Catalunya (REC). La publicación, titulada “El retorno de la política industrial en Cataluña. Sectores estratégicos”, se ha presentado en el marco de la Jornada de los Economistas 2025, organizada por el Col·legi d’Economistes de Catalunya.
Desde esta perspectiva, el modelo que considera la transferencia tecnológica como un proceso lineal no es eficiente para mejorar la prestación innovadora de un territorio en su conjunto. También es importante destacar que la innovación no es solo resultado del «technology push», sino de interacciones entre los agentes del ecosistema, con las empresas como actores principales.
En el caso de nuestro tejido empresarial, con una alta concentración de empresas de medida pequeña, hace especial falta que el ecosistema de innovación sea más eficiente y proporcione más intensamente los factores necesarios para innovar, en comparación con otros territorios que cuentan con un mayor número de grandes corporaciones.
Estos elementos son variados y comprenden desde la aportación de conocimiento científico o tecnológico especializado, el acceso a infraestructuras tecnológicas, la formación de los equipos hasta una financiación adecuada, ayudas para la protección del capital intelectual, asesoramiento sobre estrategias y gestión de la innovación.
También es fundamental promover, mediante los incentivos adecuados, las relaciones sistémicas entre los diferentes agentes del ecosistema, desde universidades, centros de investigación, centros de enseñanza, centros tecnológicos hasta empresas, entidades de financiación, administraciones y ciudadanía, y orientarlos hacia el objetivo de contribuir a hacer que las empresas adopten la innovación como una estrategia clave de su competitividad, de manera sostenida en el tiempo.
Este enfoque tiene que ir acompañado, además, de los recursos necesarios y de estabilidad a largo plazo, así como de una gobernanza del ecosistema que recoja una visión integral y, especialmente, una mayor participación empresarial.
A partir de esta visión estratégica, desde Eurecat nos alineamos con el tejido industrial y empresarial para aportar tecnologías y capacidades diferenciales, con impacto real en su actividad, tal como queda recogido en los proyectos que hemos reunido en este newsletter.
Xavier López
Director general de Eurecat